9 de mayo de 2012

MMellado por Patricio Pron, desde España.


UNA REVOLUCIÓN PERSONAL



Unos años atrás, el ensayista español Carlos Eymar publicó una obra titulada El funcionario poeta (Madrid: Fórcola, 2009) en la que proponía unos "elementos para una estética de la burocracia" en la obra de tres autores: Franz Kafka, Fernando Pessoa y Alexandre Kojève. A pesar de toda su singularidad, sin embargo, la obra de Eymar no es la única en su género ni los escritores mencionados los únicos en los que se puede encontrar esta estética. La hediondez, la novela más reciente del narrador chileno Marcelo Mellado, explora esa estética (si es admisible poner ambos adjetivos juntos) de una forma triste y desopilante.
 
La hediondez narra cómo los esfuerzos para la rehabilitación de una biblioteca municipal en una ciudad innominada de provincias del litoral chileno (una rehabilitación, por cierto, beneficiosa para la toda la sociedad local, o al menos no particularmente inconveniente para nadie) divide a la escena literaria en dos bandos enfrentados de forma violenta y ridícula. Uno de los bandos, el denominado "La Caleta", está conformado por poetas de apodos infames y, por esa misma razón, perfectamente plausibles en el contexto provinciano: el Poetiso Caldera, el Gallina Clueca, el Pickle Quiroga y Bochorno Oyarzún; como representantes de lo que una y otra vez es denominado aquí "los poderes fácticos" (sin que quede claro qué poderes son esos, excepto los de la estupidez y el inmovilismo), los integrantes de "La Caleta" espían, amenazan y secuestran a los miembros de "El Gremio", el grupo rival, conformado por Prudencio Aguilar, Archibaldo Zúñiga, Chucho Velázquez y la poetisa de nalgas prominentes Elizabeth Portentosa, cuyo único interés radica en conseguir que se asigne a la biblioteca una nueva ubicación (la contemporánea, que los miembros de "La Caleta" no quieren abandonar, se encuentra junto a una fábrica de harina de pescado y al Centro de Recuperación de Animales Exóticos, por lo que el aire en ella es particularmente irrespirable). Durante algunos días, la ciudad es escenario de "una transparencia sicótica a nivel conspirativo" (58) que culmina en un paroxismo que incluye un rescate en el último instante, un desfile de travestís y la liberación de una cría de lobo marino en cautiverio, además de una boda celebrada con la anuencia y la colaboración de un cura surfista acusado de abusos sexuales a menores. Naturalmente, sin embargo (y debido a que así son las cosas, en las pequeñas localidades del litoral marítimo de Chile pero también en casi cualquier otra parte), todo esto no conduce absolutamente a nada.
 
Marcelo Mellado comparte con su colega transandino César Aira la capacidad para fabular y la inclinación al grotesco; lo distingue casi todo lo demás, pero en especial la lengua que emplea, que es una imitación particularmente lograda de la lengua burocrática. En palabras del magnífico crítico chileno Rodrigo Pinto:
 
"De un lado está el lenguaje sociologizante de quienes suelen analizar asuntos urbanos y sociales, una jerga correosa, plagada de esdrújulas y horrendos neologismos; de otro, el lenguaje burocrático, oficinesco, plano y retentivo, con notas provenientes de los servicios de seguridad y control; cruzando a ambos, el habla de la calle, el ‘tenimos', por ejemplo [...]" (124).
 
La elección de esa lengua parece perseguir varios fines: la consecución de un cierto efecto absurdo que resulta de tratar hechos insignificantes (una masturbación, por ejemplo) con una lengua que suele ser reservada para asuntos de mayor relevancia (Pinto llama a esto: "el perverso sentido del humor que anima su escritura", 125); también, la manifestación de la convicción del autor chileno de que la resolución de un asunto burocrático sólo puede encontrar su plasmación en sus propios términos. Apunto una más: al utilizar su lengua, Mellado desplaza a la burocracia del sitio preferente que ésta ocupa como productora de un cierto discurso burocrático que entre 1973 y 1990 fue el único legitimado para narrar el mundo. El escritor chileno se apropia de la lengua estatal y la intercala con insultos y expresiones soeces profundamente chilenas (por ejemplo, la magnífica: "¿Qué te pasa, me querí oler la raja, conchetumadre?, 96) para, de ese modo, mostrar que la distancia entre la experiencia real y la narración de esa experiencia por parte de la lengua burocrática (enarbolada por arribistas, poetas ridículos, pescadores de subsidios, mentirosos, todo lo que Álvaro Bisama denomina en el prólogo a este libro "ese mundo viscoso de talleres literarios, agrupaciones de amigos del arte, comentarios elogiosos en las redes sociales, karaokes interminables de poetas infumables", 11) es enorme; es decir, que la burocracia (en particular la literaria) y los "poderes fácticos" a los que da voz no gobiernan la realidad y ni siquiera pueden nombrarla. Así (narrando pequeños enfrentamientos pueriles en provincias que funcionan como miniaturas del ejercicio del poder a nivel nacional y narrando todo ello con una lengua profundamente subversiva en su uso), el autor de La hediondez realiza su revolución personal, pero esa revolución personal ha pasado desapercibida mucho tiempo. Desde el interior de La Provincia chilena, Mellado pone en cuestión la economía lingüística del poder no sólo en Chile, y es una experiencia excepcional el asistir a ello.
 
 
Marcelo Mellado
La hediondez

Pról. Álvaro Bisama
Epíl. Rodrigo Pinto
Santiago de Chile: Alquimia, 2011
 
 
Nota: Los escritores chilenos Marcelo Mellado y Rodrigo Olavarría leerán hoy a las 19.30 sus obras en la Casa de América de Madrid; mañana lo harán Germán Carrasco, Elvira Hernández y Jorge Velásquez. La entrada es libre hasta completar el aforo.
 
 
[El próximo miércoles: La fábrica del lenguaje, S.A. de Pablo Raphael]  
[Publicado el 07/5/2012 a las 12:45]

3 de mayo de 2012

Mellado irá a Madrid


Nuestro compañero de rutas, Marcelo Mellado irá a Madrid invitado por el proyecto "EN LUGAR DEL AUTOR", organizado por el Colectivo Paratopia, Chile. 

Cinco serán los escritores que viajarán a representar a nuestra  literatura por esas tierras: Elvira Hernández, Germán Carrasco, Rodrigo Olavarría, Marcelo Mellado y Jorge Velásquez.

Se viene la segunda parte del cuento de Marcelo Mellado, el clásico. 

19 de febrero de 2012

Mellado y Zambra en PERFIL.COM

(Perfil es un periódico matutino argentino, de frecuencia bisemanal, editado en la ciudad de Buenos Aires. Fundado por Jorge Fontevecchia (CEO de Editorial Perfil) el 9 de mayo de 1998).


LAS DOS ORILLAS DE LA GRIETA

Por Quintín

Hace unos meses me encontré en una librería de Buenos Aires con los libros de La Calabaza del Diablo, una editorial chilena que desconocía. Tampoco me resultaban familiares los autores, pero tengo la ilusión de que hay una gran riqueza literaria escondida en los países de habla hispana fuera de la Argentina y España, que son los que el mercado nos facilita. En particular creo que pasa algo con la prosa chilena, más allá de la reconocida facilidad de ese país para engendrar poetas. Al menos, la narrativa chilena me da a la distancia la impresión de ser menos gratuita que la argentina. Aunque no tengo pruebas fehacientes, estoy convencido de que en Chile es más fácil encontrarse con personas que no han publicado ningún libro. Así fue que compré los libros que pude de La Calabaza, porque estaban a un precio muy razonable y por otra razón de peso: desde que Guillermo Moreno ejercita la tutela sobre los libros importados es prudente hacer acopio de ellos.

Para la misma época compré también Formas de volver a casa, tercera novela del también chileno Alejandro Zambra publicada por Anagrama. Zambra es un escritor joven (nació en 1975) y sus novelas tienen un gran éxito de crítica (dato: la primera, Bonsái, fue adaptada por su compatriota Cristián Jiménez y la película se exhibirá en el próximo Bafici). 




Un día, una mutación de las pilas de libros que en casa se forman y se deshacen como médanos hizo que Formas de volver a casa quedara muy cerca de uno de los libros de La Calabaza del Diablo: Ciudadanos de baja intensidad, de Marcelo Mellado. El resultado fue una iluminación. Mellado es un escritor veinte años más viejo que Zambra, que supo ser comunista, profesor y botánico, vivió en Chiloé y ahora lo hace en San Antonio, localidad del litoral central chileno, desde donde dice cosas como esta: “Cuando vives en provincia, descubres que Chile es una gran impostura. Imagínate la impostura que significa ser escritor. Yo no soy un escritor. Soy más bien una especie de operador discursivo y el modo en que hago circular esos discursos es la literatura.”


Mellado la va evidentemente de maldito, pero los relatos de Ciudadanos de baja intensidad (2007) le dan a esas palabras un sentido fascinante. Mellado resulta el gran cronista del hiato entre dos lenguas: la de la militancia de izquierda y la de las ciencias sociales que vino a ocupar un lugar vaciado por la dictadura y el envejecimiento de las ilusiones. Sus personajes, que tanto comparten con su biografía, son víctimas de una generación de arribistas y cazadores de subsidios que han colonizado el discurso bienpensante posterior a la dictadura mediante el academicismo de medio pelo que proponen los estudios terciarios. Mellado alcanza momentos desopilantes cuando insultos y maldiciones se intercalan con la abominable jerga técnica y la mezcla muestra que no hay modo de reparar lo que la historia ha roto, ni menos de conferirle a la literatura esa misión.

Pero Zambra hace exactamente lo contrario: se ocupa, a su modo, de suturar la herida y desandar el camino de Mellado. Hijo de un personaje apolítico, tal vez pinochetista, el protagonista de Formas de volver a casa utiliza un relato de infancia y una historia de amor para conectarse con el mundo silenciado por el efecto de la dictadura en su familia. Así emerge en el momento de la victoria electoral de Piñera plenamente entero, del lado correcto y con la literatura como arma cargada de un futuro tranquilo: su escritura límpida, moderna, cuidadosa, en el extremo opuesto de la frustración alucinada de Mellado, es el libro que bien podría acompañar a Camila Vallejo y el tiempo por venir. Entre el sarcasmo hostil de Mellado y el discreto lirismo de Zambra se dibuja el cambio del registro intelectual entre dos épocas.

Publicado en el diario PERFIL de Argentina, 18 febrero 2012.

GUTIÉRREZ, Mellado y la crítica.

La visión ampliada

Feb. 11 , 2012




POR JUAN MANUEL VIAL.

El segundo Gutiérrez -el primero se publicó años atrás- reúne a 32 escritores chilenos que aportan, entre poemas y narraciones breves, una buena cantidad de textos, todos inéditos y varios de ellos sobresalientes. La recolección de los escritos, así como el proyecto mismo, es obra del editor Andrés Braithwaite, y aunque en sus páginas nunca se percibe la intención de imponer algún canon (Gutiérrez no ofrece prólogo, ni párrafos de contratapa, ni declaración de principios, ni guiño alguno), queda claro que el criterio de selección se basó únicamente en la calidad literaria. Dicho de otro modo: el lector no encontrará aquí colaboraciones firmadas por Pablo Simonetti, Jorge Baradit o Isabel Allende.

Entre los poetas convocados destacan los magníficos aportes de Jaime Huenún, quien da a conocer un poema dedicado a cierta abuela en particular, el cual, al ser tan bueno, tan sólidamente cantarín y evocador, resulta fácilmente extensible a todas las madres de nuestros progenitores, pues "las abuelas, Salazar, son cosa seria". Matías Rivas, por su parte, contribuye con versos de cadencia latina que se revuelcan en la ferocidad del despecho masculino: "Todavía tendrás que hincarte como una esclava infame / y tragarte tu suficiencia. / Aprenderás el arte de felar a tus protectores / y sus huéspedes / con estilo y sin piedad". Y entre las sorpresas más agradables del libro, está la de volver a leer algo escrito por Diego Maquieira, quien, dicho sea de paso, no ha perdido fuego ni clase. 

Algunas de las mejores narraciones breves se valen de los recuerdos para entregar momentos memorables dentro del contexto de Gutiérrez. Roberto Merino, por ejemplo, visita una infancia del año 1965, y como quien no quiere la cosa, termina armando un elocuente cuadro de época, mientras que Germán Marín, a partir de una foto perdida entre un montón de cachivaches y otros objetos inútiles, resucita toda una época y rinde tributo a un camarada muerto hace tiempo. 
Apegado al estilo y al entorno que lo han hecho grande -la prosa puntuda y el puerto de San Antonio-, Marcelo Mellado relata la conclusión de una historia familiar que se desenvuelve entre cobijas de pobreza y resoluciones de hampones. 
Y Yuri Pérez, el talentoso escritor de San Bernardo, se apropia de la voz de dos mujeres en sendos relatos. La primera de ellas, abandonada por un hombre, se ha entregado a la suciedad, mientras que la segunda, "una viuda que escribe novelas de gatos", desarrolla un monólogo mordaz ante una editora de libros. Con mayor o menor gracia, los poetas Bruno Vidal, Paulo de Jolly, Claudio Bertoni, Oscar Hahn y Erick Pohlhammer se mantienen fieles a sí mismos. Lo mismo, claro que en prosa, podría decirse de Antonio Gil, cuyo relato se caracteriza por la impecable factura y una temática propia de iniciado en algún misterio esotérico. Rafael Gumucio se estrena en el arte del aforismo, Alejandro Zambra vuelve al verso, Carlos Labbé propone una serie de "borgeanas" y tanto Julio Carrasco como Leonardo Sanhueza publican poemas que sintonizan con el talento por el cual son reconocidos. Lamentablemente, por razones de espacio, no puedo referirme aquí a todos los contribuyentes de Gutiérrez. Bastará decir entonces, para ir terminando, que este libro aclara el panorama literario nacional y constituye, por cierto, una estupenda lectura de verano. 

Gutiérrez Varios autores. Andrés Braithwaite (editor), Santiago, 2012,  144 pp.

23 de noviembre de 2011

La Hediondez, en San Antonio, lanzamiento.

















Registro lanzamiento de La Hediondez en Bar Caoba de Llolleo, presentaron: Jaime Pinos y Claudio Padilla.

Noviembre 2011.

11 de noviembre de 2011

Jaime Pinos presentando La Hediondez en San Antonio.


El perfume de Dinamarca


Conocí a Mellado en Santiago. Junto a Marcelo Montecinos, oficiaba de editor del sello  y la revista La Calabaza del Diablo. Nos juntamos varias veces en Plaza Italia, temprano por la mañana. Mellado llegaba de San Antonio. Las primeras conversaciones para la edición de Informe Tapia. Yo ya había leído El Objetor y desde entonces sigo su trabajo con atención. Desde luego, lo considero uno de los narradores que realmente interesan en medio de un panorama donde abundan los gatos y escasean las liebres.

El mismo Mellado ha dicho que La Hediondez cierra un ciclo. La saga de La Provincia. Me gustaría, a propósito de esto, hacer un par de comentarios, un par de apuntes respecto al proyecto literario y político que Mellado ha venido construyendo.

Mellado sobre La Hediondez: Un divertimento, un juego delirante. La clave es la parodia, el carnaval, el hueveo generalizado. Es la ficción de la realidad, aunque la realidad está organizada como ficción. El humor. Negro, por supuesto, estamos en Chile. El país del chiste cruel, el país de la risa amarga. Los mundos de Mellado, sus pueblos hundidos, son territorios farsescos, sus habitantes personajes tragicómicos. Vidas mínimas, poetas menores, charlatanes de poca monta cuya historia sólo puede ser contada desde la sátira y la picaresca. 

A este respecto, se me viene a la cabeza el último Lihn. El Enrique Lihn de El Paseo Ahumada, La Aparición de la Virgen o de los happenings. Como dijo Juan Cameron recientemente en una conferencia sobre su poesía: El hueveo como factor de lucha, en la contingencia de la dictadura, fue una de sus últimas banderas. Con el humor, Lihn pretendía recoger lo que identificaba como un rasgo de la idiosincrasia nacional y un mecanismo de autodefensa histórico contra la injusticia y el autoritarismo: De ese humor, y de ese distanciamiento que produce el humor, es algo que ha dado muestras este país, como una manera de defenderse de la realidad, y de hacer irrisión de ella. Son antídotos, por así decirlo, contra la monstruosidad ambiental. El poder siempre carece de la seriedad que puede tener el humor. En el mismo sentido que Lihn, Mellado hace del hueveo generalizado una epistemología y una política. Una bandera de lucha. En el mismo sentido, los últimos movimientos sociales han hecho del carnaval una forma de expresión espontánea muy difícil de asimilar por la izquierda tradicional o de manipular por el poder.

Un apunte respecto a la relación entre Mellado y Enrique Lihn, más allá de este asunto. En un artículo del año 91, titulado Lihn, la poética de lo otro, Mellado habla del trabajo de Lihn en estos términos: ese cuerpo de obra que se las jugó y se las juega en un proyecto desconstructor de la literatura, desarmador de su cánones y brutalmente crítico con la palabra institucional y sus presupuestos.  Me parece que estas palabras sirven perfectamente para definir la tentativa del propio Mellado, su proyecto de desconstrucción y crítica. Su búsqueda de una poética de lo otro.

La Hediondez está escrita, según Mellado, como la ficción de la realidad, aunque la realidad está organizada como ficción. O en términos de Ranciére, en la cita que abre el texto: lo real es siempre objeto de una ficción. Me parece que el título de esta novela, que cierra un ciclo, despeja la lectura más ramplona que se ha hecho de su trabajo. La identificación de la Provincia, recreada en este doble juego de realidad y ficción, con determinados territorios concretos. La Provincia de Mellado, más que una geografía determinada, es un espacio alegórico. Como dice Álvaro Bisama: un bonsái de los podres fácticos del presente chileno.

Todo ese mundo de lobistas ínfimos y microtraficantes de influencias, el patetismo de sus pugnas por un poder inexistente, los círculos que rabiosamente, como carretas delictuales, se disputan casi nada, todo ese mundo precario y bizarro, es más bien la metáfora de un estado de cosas. La post dictadura. El periodo democratoide, como lo llama Mellado.  

Una época que huele mal. Hace muchos años que algo está podrido en Dinamarca. La hediondez ya no se aguanta. Demasiados años de corrupción y complacencia. La corrupción de la clase política puede darse siempre por descontada. Sin embargo, es la corrupción y el colaboracionismo de muchos de los intelectuales y artistas de este país, esa otra élite, la que ataca Mellado con más vehemencia. La élite que moderó o anuló su crítica y se asimiló o devino en una nueva academia cuyo poder es la administración de una jerga anodina, sólo para especialistas. La élite que hizo de la práctica del arte y la construcción cultural un ejercicio de control burocrático y repartición de prebendas.    

 Tengo la misión de limpiar a Chile de la impostura, ha dicho Marcelo Mellado. De seguro, su literatura es una contribución importante a esa empresa de sanitización. Abrir, con las herramientas poderosas de la ironía y la crítica, las ventanas del cuarto oscuro y maloliente que han sido estos años de postdictadura. Estos años de silencios cómplices e imposturas.  Hacer posible la emergencia, imprescindible en este momento, de una poética de lo otro. Dejar que empiece a correr el aire fresco en Dinamarca. 


Bar Caoba. San Antonio. Octubre de 2011

Diálogos Latinoamericanos en FILSA 2011.

El día viernes 4 de noviembre a las 19,30 hrs. se presentó en la sala Camilo Mori, la mesa de conversación organizada por la Cámara Chilena del Libro denominada DIÁLOGOS NARRATIVOS LATINOAMERICANOS, donde participó nuestro compañero MARCELO MELLADO, representando a Chile y a la provincia, junto a Patricio Pron de Argentina, Andrés Burgos de Colombia y a Juan Carlos Méndez de Venezuela, moderando Javier García.

Fue un momento de encuentro y discusión donde pudimos además, compartir con nuestro vecino y socio Sech Filial San Antonio, don Jorge Guzmán y Susana Munich; entre otros colegas asistentes como Cynthia Rimsky, Alejandra Costamagna, Alvaro Bisama, Mike Wilson, Gonzalo León, José Leandro Urbina, etc. 

El diálogo diverso trató sobre Premios literarios, la responsabilidad de crear una comunidad de lectores por parte de las editoriales o del escritor, la visión de cada uno acerca de sus quehaceres literarios, contextos de producción, etc.

Acá les dejamos un pequeño registro. De lo que no tenemos imágenes es de la cena en bar The Clinic donde asistieron luego los invitados y colegas, en donde nos enteramos de algunas cosillas que luego comentaremos. 

Compartimos un breve video de Patricio Pron, escritor argentino que reside en España. (El video registro que tenemos de Marcelo Mellado interviniendo la conversación por ahora nos lo reservamos por una mera decisión táctica). 


Mientras se ubicaba el público, Marcelo conversa con Jorge Guzmán, Susana Munich y Cynthia Rimsky

Marcelo Mellado, Andrés Burgos y Juan Carlos Méndez. 

Javier García, Marcelo Mellado, Andrés Burgos, Juan C. Méndez y Patricio Pron. 

Méndez y Pron.